Como continuación de mi carta abierta de ayer a "Toño", mi generalísimo Santa Anna (#SantaAnna), he considerado prudente colocar dos videos que me parece representan por un lado el afán de Gloria, nunca alcanzado, y el olvido a manos de la propia esposa que, por dádivas, recluta seguidores.
Espero los disfruten tanto como yo.
Espacio personal para la reflexión que se materializa en algunos garabatos que habrán de acompañarme en el camino.
jueves, junio 23
miércoles, junio 22
El olvido después de la gloria
Carta Abierta
A Don Antonio de Padua María Severiano López de Santa Anna y Pérez de Lebrón
General de División, Primer proclamador de la República, Benemerito de la Patria, Once veces presidente de México, Héroe inmortal de Cempoala, Héroe de Tampico, Su Alteza Serenísima, Triunfador en "El álamo"
Perdona si te digo Toño, y te habló coloquialmente, al fin y al cabo, paisanos somos.
135 años han transcurrido desde que fuiste a morir, en la ancianidad y la locura, maltrecho y abandonado, en la casona de Bolívar 14.
México ha cambiado, y mucho, pero quizá reconozcas en este país de hoy, que no es ni será nunca el tuyo, algunos rasgos de esa nación independiente que te tocó comandar en número que no alcanzo a representar con los dedos de mis manos. En primer lugar, estamos divididos como en aquél entonces; las finanzas y prosperidad no son lo nuestro; pero sobre todo, los partidos políticos y sus figurines en puestos y cámaras, nos hacen la vida imposible de vivir. ¡Ahhhh!, y como en tu época, vivimos una violencia que se arraiga en las entrañas.
Te sorprendería saber con plenitud de causa, aunque lo sospechaste antes de morir, que eres el enemigo público número 1 de México; pues nadie como tú, según ha acordado la historia oficial, representa el lado oscuro de la mexicaneidad. Por ese rumbo, el de tu leyenda, recuerdo mis paseos infantiles por tu hacienda "El Encero" buscando al "alma negra de Santa Anna" (un cisne negro nombrado por los guías del museo de aquellos tiempos). En cada visita que he hecho, me he encontrado con el cisne negro, pero ciertamente, por aquello del relevo generacional, estoy seguro que ha habido muchos ejemplares que han sido dados a representar tu perversidad; quien lo dijera, los que cuentan tu historia, y recorren la que fue tu casa, son igual de taimados que tú.
Siempre tu biografía ha sido interesante para mí, xalapeño orgulloso como soy, he encontrado en tu historia, contada por varias plumas, la mejor comprensión de los años posteriores a la independencia y me ha asombrado tu capacidad, más no virtud, de estar siempre disponible para ese momento, ese momento de desesperación, en donde la Patria te mandaba llamar a tu hacienda para que, desde el corazón del territorio veracruzano, vinieras "salvador" a la capital a "enderazar la nave"...si bien es cierto que en bastantes tropelías te viste envuelto, también es imposible negar que los grupos políticos, liberales y conservadores, te necesitaban y se acercaban a ti como a ellos convenía; después, cosa juzgada, se estableció que tú fuiste el de las idas y vueltas. Yo creo que, como en cualquier historia de pareja, pues lo tuyo y México se parece un poco a eso, ambos tienen cierta responsabilidad. Ambos construyen su relación, y tú y la Patria de por aquél entonces tuvieron sus momentos de felicidad, de arrebato, de pasión, de duelo y de rechazo. Recuerdo la novela de Serna y el mote que te endilgó Justo Sierra, adecuado por Krauze, "el seductor de la Patria".
Por cierto que, hablando de tus "romances" otra semejanza con tu tiempo se me viene a la mente. Hoy como ayer, los políticos con tal de obtener poder cambian de principios, de banderas, de colores, de esposas, de lo que sea que sirva y se ordene a sus fines. Los chapulines no sólo brincaban cuando los gringos pisaban Chapultepec, han seguido su danza y seguramente la continuarán hasta que tu nombre se pierda para siempre.
Hoy escribo, únicamente, para recordar tu muerte y para contarte un secreto. Estoy completamente seguro que, aunque la clase "política" te rechace públicamente, en su vida íntima, deben tenerte en un altar. Para ellos, para los que quieren el poder a toda costa, tu biografía, por otros motivos diversos a los míos, debe parecer asombrosa. "¿Qué tenía este hombre para tener comiendo al país de su mano cada que lo deseaba?", de seguro se preguntan...en tu historia, en tus pasos, en tu vida, seguramente encuentran directrices...así como admirabas a Napoleón, te aseguro mi apreciado General, que hoy más de uno, en medio de este país que se derrumba, quisiera que le pudieras contar los secretos de tu gloria...pero yo les digo, a quienes en secreto sueñan con el poder por sí mismo, que habrán de acabar, y espero no te ofendas, seguramente como tú: ¡muriendo solo, odiado, traicionado!, pues en la gloria no se tiene el olvido y en el olvido lo único que no se borra de la memoria es aquella gloria perdida.
Descansa pues, y espero que un día, al igual que a otros "siniestros personajes de la historia oficial", podamos realmente valorarte según lo que fuiste: un hombre atado por tus pasiones e impulsado por tus virtudes. Aunque en esa lucha, hayas creado "escuela".
A quien interese conocer a "Toño":
El dictador resplandeciente., Rafael F. Muñoz., 5a.ed.,Fondo de Cultura Económica., México., 2003., p. 277., ISBN: 968-16-6862-6
El dictador resplandeciente., Rafael F. Muñoz., 5a.ed.,Fondo de Cultura Económica., México., 2003., p. 277., ISBN: 968-16-6862-6
Santa Anna: Espectro de una sociedad., Agustín Yáñez., 3a. Ed., Fondo de Cultura Económica., México., 1993., p. 337., ISBN: 968-16-4220-1
El seductor de la patria., Enrique Serna., Ed. Joaquín Mortiz., México., 1999., p.520., ISBN: 968-27-0775-7
La película "Su Alteza Serenísima" de Cazals, retrata los últimos días del general en la casona de Bolívar 14, ampliamente recomendable si te interesa el personaje. Sobre la cinta dos reseñas:
Gustavo García en Letras Libres
El Mirón
viernes, junio 10
A manera de homenaje, íncipit #jorgesemprún
Me uno a la pena que nos embarga a muchos por la partida de Jorge Semprún; puede estarse de acuerdo con él en muchas cosas, en algunas otras probablemente no; pero ante la maestría narrativa, con la que tejió las palabras haciendo de su pluma una aguja conciliadora y rematadora, en no pocas ocasiones, de la puntada exacta, es imposible no tomar favorable partido.
Para quien no le conozca he aquí las primeras palabras de dos de los libros que me son por mucho predilectos:
La escritura o la vida., Trad. Thomas Kauf., 3a. Ed., Editorial TusQuets., Barcelona, España., 329p., ISBN: 84-8310-518-7
Están delante de mí, abriendo los ojos, enormemente, y yo me veo de golpe en esa mirada de espanto: en su pavor.
Adiós, Luz de Veranos., 2a. Ed. Editorial TusQuets., Barcelona, España., 243p., ISBN: 84-8310-644-2
Alzó a contraluz, supongo que para comprobar su estado, una prenda de mi equipo. La luz del sol ya declinante penetraba, a nuestra izquierda, por una hilera de altos ventanales que iluminaban la amplia sala abovevada donde se guardaba la ropa de los internos del liceo Henri IV.
jueves, mayo 26
Yo, el acarreado involuntario
Tengo pendientes varias ideas por desarrollar y aterrizar en entregas para este blog. Sin embargo creo que son tantas, y el espacio para que vean la luz es tan pequeño, que están todas atoradas en la puerta. Una se ha colado, sin que me diera completa cuenta, breve será puesto que si fuera más amplia no hubiera entrado por el pequeño resquicio que dejan al empujar para salir tanto la idea sobre Vargas Llosa como la idea sobre la mano que desvió la bala.
Por extrañas situaciones del destino, de pronto y sin aviso previo, me ví sentado en auditorio para acto político disfrazado de reunión de asociación civil. Los lobos jugando con la piel de las ovejas, mil y un imágenes de caricatura infantil corren frente a mis ojos cuando escribo estas letras y será imposible, tarde que temprano, no hacer referencia a ellas.
No sólo me senté como "invitado" (etiqueta para distinguirme de "trabajador"), sino que después entendí la bifurcación de la clasificación efectuada sobre mi persona. Había cientos de acarreados, y yo me uní al grupo ingenuamente. Al ser invitado se asumía que venía uno por cuenta propia y por propio pie, pero no, realmente fui convocado a algo muy distinto y caí, redondo, como en 28 de diciembre. No fuí el único, puedo suponer, pues el mismo gesto de incredulidad que pude adivinar en mi rostro lo encontré en tantos otros. Nos dijeron que íbamos por "x", pero realmente resultó que nos abordó todo el abecedario.
Los políticos, puedo concluir, ya no te invitan a actos políticos pues no acudirías en sano juicio (un eco del chiste aquél del negro de guanabacoa) y deben "aderezar" el evento con lo que hoy está de moda "responsabilidad social" y "organismos de la sociedad civil".
Rodeado además me encontré del México que se ha conservado en la burocracia como el huevo que se cuece en vinagre. Por un lado el rimbombante presidium que sería llenado por figuras para mí desconocidas, no así para el auditorio que supongo estaba previamente informado de la concurrencia; por otro lado, la orquesta amenizando el evento a todo pulmón; el maestro de ceremonias haciendo sus pases para captar atención (el mejor pase que hizo fue darse a reconocer como uno de los "suegros de México", según pude escuchar, al ser padre de cierta actriz de apellido Castillo que se dedica a representar, simbólicamente, a "Teresa, la mexicana")...todo con un ligero toque de surrealismo, a lo mejor como una manera de avisar, penosamente, la partida de la última artista de dicha escuela acaecida ayer mismo por la noche; curioso augurio a la manera de los heraldos negros de Vallejo.
En fin, heme ahí entre la crema y nata de cierta "izquierda" que huele rancio...que se describe por las porras sembradas entre la gente ("no queremos playas, queremos escuelas", "seguro social, patrimonio nacional" y esa bonita leyenda slogan de siempre: "queremos agua para Iztapalapa"); esa "izquierda nueva" que se ejemplifica en su democracia con aquél oscuro varón que ante el programa de actividades gira las instrucciones ante la comitiva "trabajadora" ("sentados", "parados", "aplaudan"). ¡Que bonito es este México de libertades, este México de hoy donde al latir el corazón por la izquierda no se acarrea gente, sino que se "motiva" la voluntad popular para que enarbole una causa justa!
Los políticos tienen incapacidad, la mayoría debo decir, para comprender la esencia de una organización de la sociedad civil. Aunque "jueguen" a crearlas para que respondan a sus intereses y aunque afirmen que irán por quienes no tienen "partido", se los voy resumiendo: ¡yo no tengo partido y con "formas democráticas" como las que observé, como cierta experiencia Kitsch, no me interesa en lo más mínimo llegar a tenerlo! Con esta democracia la monarquía es una tentación recurrente.
Alguno que otro podrá decirme que debo entender que así son los actos políticos y que esto pasa en todos lados y con todos los colores, y entonces diré únicamente que un partido/candidato que convoca para "mostrar músculo" es un ejemplo de "realidad virtual". Me acuerdo cuando trabajé en gobierno y me pidieron acarrear gente, ese día entendí que ahí no era mi espacio, que ahí no era mi lugar y que México en modo alguno podría cambiar desde dicha instancia. No me equivoqué en lo más mínimo.
Corolario
El lobo jugando con piel de oveja, y las ovejas brincando de alegría..."represéntenos" balan emocionadas, "está bien", dijo el lobo al cerrarse el zipper del disfraz, "denme su vida, y yo sabré recompensarlas con un gran banquete al que estarán todas invitadas".
¿Deja vú? Creo que he visto algo como esto hace algunos años...¿será? Tú dime...
martes, mayo 10
Yo marcho sin marchar
Yo marcho sin haber presenciado ni asistido a la marcha; incluso no comulgo con muchas de las expresiones que hicieron de ella una "marcha de marchas". Pero creo que, desde la trinchera en la que me toca librar batalla, estoy procurando dar lo mejor de mí mismo.
Yo marcho todos los días con mi trabajo, con mi familia, con lo que puedo y debo hacer. Yo marcho sin que lo sepa nadie, sin que lo vean, sin que sea foco de reflectores. Y como yo, en esa marcha del anonimato, hay muchos y eso, tengo la certeza, es lo que sostiene a este país.
Yo marcho, sin marchar, cuando soy capaz de tener conciencia sobre lo que significa haber nacido en este país, grande y conflictivo, asombroso y en ocasiones digno de temor; no solo tener conciencia sino actuar en consecuencia. Yo marcho cuando cumplo con mis impuestos, mes a mes; cuando evito tirar basura en la calle; cuando puedo votar y expresarme como ciudadano; cuando encuentro en el trabajo no una carga sino una realización; cuando enfoco mi energía y mis capacidades a la educación de mis hijos y cuando trato de que ellos también, a su edad y a su manera, vayan tomando conciencia sobre su existencia en este país.
Cierto es que existen muchos, miles, incluso millones de Mexicanos que se encuentran en jaque por la violencia y la inseguridad; cierto es que es válido levantar la voz, clamar justicia y organizarse en sociedad para alcanzar una mejora en la calidad de vida, en la seguridad, en el empleo, en todo aquello que sea un bien universal y por todos deseable y, esperemos, algún día alcanzable. En el reclamo justo estoy de acuerdo, en el fondo coincido, pero no en la forma.
Sin embargo, siento que la pertenencia extralimitada de los que "fueron a la marcha" deja fuera del discurso, y de la inclusión, a quienes no concordamos al 100% pero qué, sin marchar también marchamos día a día. "O estás con la marcha o estás contra ella", parece resumir el discurso de boca en boca entre mis amistades, en ciertos debates que encuentro en los medios electrónicos e impresos. Es como haber ofertado el domingo para encontrar reconocimiento y grandeza personal. Es como la presencia en un evento que genera "status" en una sociedad urgida y ávida de reconocimiento, de reflector, de promoción. Esa sectorización, ese hablar que "toda la sociedad civil" marchó, ese decir que valgo porque caminé, me pone los pelos de punta.
No dudo de la sinceridad de las familias que han sido tergiversadas por la violencia, pero eso no quiere indicar que debo coincidir necesariamente en todo lo que se propone.
Prefiero marchar así, sin reflectores. Mi vida, a lo mejor no alcanzará a muchos, pero habrá de tocar a los más cercanos pues mi convencimiento me ha tocado a mí y con eso ya estoy dejando huella. Si queremos cambiar el mundo tenemos que empezar por nosotros y doy fe que no hay tarea más complicada, en ella se me va la vida, ustedes disculpen pero no tengo tiempo de salir a caminar.
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