martes, julio 8

La claridad en los argumentos

Tal vez sea uno de los hombres más polémicos de los últimos tiempos en nuestro país. Su firmeza no le acarrea buenos comentarios la mayoría de las veces; su convicción, reflejando la nuestra, muchas ocasiones es ridiculizada por los medios de comunicación y por la "opinión pública" (aunque todavía no puedo entender bien a bien qué es eso de "opinión pública", ¿alguien me explica?). Su decisión causa ámpula en visiones que acusan al "fundamentalismo" siendo ellas mismas la prueba de la falta de tolerancia. Hay algo que no pueden reprocharle, su congruencia.

Sin embargo, aunque esta presentación me traiga probablemente comentarios en contra por hacer una especie de defensa pública, creo que como persona es un hombre intachable, y como funcionario público fue respetuoso de la esfera pública y la esfera privada. He tenido la oportunidad, la dicha si se desea ver así, de escucharle en vivo en algunas ocasiones. No es sólo un personaje entero, sino que es un gran orador y pone al servicio de la Verdad sus capacidades.
"La vida", como él alguna vez lo dijo, señalando al Cielo con el dedo índice (y mostrando una clara referencia al Creador ante los medios amarillistas sin que éstos obtúsos se percataran) habrá de retribuirle cada una de sus luchas, de sus victorias, de sus derrotas, de sus alegrías y de sus tristezas.

Revisa aquí la comparecencia en su defensa de la vida de Carlos María Abascal Carranza ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

jueves, julio 3

El encuentro de dos amigos


Como una muestra de los extraordinarios proveedores de libros que tengo, y que cada año como muchos otros atrás, al acercase un día para festejarse, no dejan de obsequiarme su cariño y apoyo mediante el gesto de darme libros, es que pude encontrarme con una publicación sencilla pero contundente.
En esta breve obra de no más de 150 páginas se recogen escritos del Cardenal Prefecto de la Fe dedicados, como homenaje, a S.S. Juan Pablo II; y, además, las principales referencias que el ahora Papa, Benedicto XVI, hace en memoria de quien fuera el sucesor de Pedro antes que él.
Con el particular estilo que le caracteriza el Card. Ratzinger efectúa una valoración del significado del pontificado de Wojtyla; nos presenta una esquematización muy asequible a todo lector sobre las 14 encíclicas del papado anterior y, presenta también, el Tríptico Romano sobre las tablas poéticas de la meditación de Juan Pablo II ante los frescos de la Capilla Sixtina.
Dejando de lado el pronunciamiento como Prefecto de la Fe es posible reconocer en Raztinger una profunda y sincera admiración por quien en aquél tiempo llevaba puestas las sandalias del pescador. A través de los viajes emprendidos juntos, las publicaciones, los diálogos, los compartires, el significado para ellos de la Iglesia y la Salvación, una gran amistad fue forjándose con el paso de los días. La unión entre estos dos hombres queda expuesta llanamente a los ojos del lector, la amistad y el amor cristiano queda demostrada en cada una de las palabras articuladas en el texto.
Es impactante el último escrito en el cuál, públicamente, Ratzinger como parte de la homilía por las exequias del amado papa se refiere a él. Después inició el Cónclave del cual saldría electo., y todo sus pronunciamientos son en calidad de la Dignidad que ostenta. En aquella Eucaristía al término de su mensaje, el entonces Cardenal Decano del Colegio Cardenalicio, declara como cierre una frase que aún muchos llevamos en el corazón:
Ninguno de nosotros podrá olvidar cómo, en el último domingo de Pascua de su vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, se asomó una vez más a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano y dio la bendición urbi et orbi por última vez. Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendícenos, Santo Padre. Confiamos tu querida alma a la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Señor Nuestro. Amén.
Ya como Papa, Benedicto XVI expresa, y con él la Iglesia entera, que los hombres de nuestro tiempo tenemos para con Dios una gran deuda por el inmenso regalo de un pontífice como Juan Pablo II. Este Papa Alemán hace de su pertenencia los pasos, las ideas y los planteamientos del Papa Polaco, incluso peregrina en su patria para perpetuar el legado de un hombre con su pueblo: "Permaneced fieles en la fe".
El encuentro de dos amigos como éstos se dio en esta vida y nosotros hemos sido testigos de ello. Sabemos que a la posteridad Dios volverá a reunirlos en la Vida Eterna, que de Él proviene. Pidamos a Nuestro Padre ser también testigos de ese encuentro en la plenitud de la Gracia.

miércoles, julio 2

8 años después...


Recuerdo que hoy hace años la emoción se desbordó, el anhelo de algo mejor inició a tomar fuerza (aún no se concreta del todo), y millones salimos a las calles con la esperanza de que pudieramos tener un panorama mejor y más alentador. La realidad social exigía un cambio de color, y no porque menospreciemos el verde, blanco y rojo de nuestra bandera sino porque queríamos desligar esas admiradas tonalidades a la corrupción más funesta que llevó a más de 70 años de ladrones y bandidos.
El cambio muchos lo consideran negativo por los errores en la administración de Fox. Yo considero que su triunfo fue el logro de la que debimos entender como su única promesa: "sacar al PRI de los Pinos".
Lo cierto es que la esperanza fue utilizada como objeto de venta; la confianza de los mexicanos que por él votaron fue traicionada en más de un sentido y la ineficacia se convirtió en un sello distintivo. En un clima como el descrito brevemente Jorge Volpi sentenció, a mi parecer con toda la razón del mundo:
Cambiamos de partido en el poder, no de maneras: sin darse cuenta, los nuevos
funcionarios se obstinan en ser desoladoramente priistas.
La administración se desdibujó, el liderazgo se diluyó. Por un lado esto me parecio bueno, era momento de que los mexicanos dejaramos de pensar en caudillos (Fox, tal vez, tuvo su mayor pecado en querer seguir siendo, a su manera y sentido, un caudillo más en la historia nacional), era momento de ver que tan consolidadas estaban nuestras afamadas instituciones (hoy sabemos que no tanto). De alguna manera Porfirio Díaz, desde su tumba en Francia, parece decirnos "Se los dije, los mexicanos no están listos para la democracia". Fox es una figura que nos recuerda y por mucho a Francisco I. Madero, la ventaja es que no hemos tenido un Victoriano Huerta (aunque el peje se esmere en llegarle a los talones).
Sin embargo la ausencia de capitán en el barco fue notoria en la recta final del sexenio del cambio. Nuevamente se comprueba que el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Y es que la mayor virtud de Fox también, en forma paradójica, fue su mayor debilidad: ¡es un buen hombre!, y a veces los buenos hombres no coinciden con el esquema maquiavélico de la política, y menos de la política mexicana que tanto asco provoca a propios y a extraños.
8 años después el panorama sigue siendo incierto. Llevamos 2 años de otro gobierno panista, y creo que a este partido se le está acabando el tiempo para demostrar de qué cuero salen más correas. Se vislumbra, a mi pesar y con el dolor de saber que 8 años no serán la diferencia, el retorno de nuestra versión mexicana de Saurón.
¿Habrá por ahí algún hobbit que esté en disposición de hacerle frente no buscando el poder sino renunciando a él?; y cuando este hobbit dude ¿habrá un amigo leal que le apoye?.

lunes, junio 30

La crónica de un instante

Una deuda conmigo mismo ha sido saldada. Tuve el tiempo de completar la lectura de una obra maestra de la narrativa mexicana del siglo XX, Farabeuf de Salvador Elizondo.

La contraportada nos presenta los comentarios de Eduardo Lizalde, de ello es necesario rescatar que:
...es como todos sus textos un producto de estilo y fractura absolutamente
atípicos y ajenos al de toda la literatura contemporánea en lengua española,
y a lo mejor en muchas otras.

Como constantes, a quienes ya hemos leído a Elizondo, se nos revelan algunos detalles. Esta presente la obseción de explicar al lector procesos ausentes de nuestro contexto, en este caso los métodos e instrumentos de cirugía o del arte fotográfico carente de la tecnología digital; se hace notar el mar y el manejo del tiempo, que va, viene, se destiende, se aplasta, se alarga, se comprime. Si considereba yo como un acierto el manejo de las escenas en Miscast, Farabeuf o la crónica de un instante es agotador en cuanto a la concentración que exige del lector para comprender la historia que se desenvuelve desde esquinas diferentes y se juntan al centro del relato, en el cúlmen de la historia.
Leer esta obra narrativa es como pelar una naranja, es decir, debes como lector ir arrancándole al autor los gajos para encontrar el sabor que ha dado a su obra, para llegar al centro y descubrir en una conjunción de sentidos a qué sabe la lectura que se ha iniciado con expectación.
No tiene demérito la historia, narrada en frío, sin piedad por el suceso agobiante en torno al cual se genera toda palabra, toda idea expresada; pero narrada con suma emoción, con tensión y con maestría, en cuanto lo que le sucede a los personajes al encontrarse con la prueba de la condición humana, en la qué, secretamente todos podemos jugar a ser verdugos o víctimas.
Cabe decir que esta novela valió al autor el premio Villaurrutia en 1965; y ha sido el segundo escritor, después de Paz, en haber recibido homenaje de cuerpo presente en Bellas Artes.
Para a quien esto interese:


lunes, junio 23

Un resurgimiento necesario

He tenido reciente acercamiento al conjunto de ideas de la religión que profeso respecto la contribución de ésta a la cultura. Constantemente, y de acuerdo al fervor opositor de más de un amigo cercano, debo esgrimir las razones de mi fe en una especie de apología de lo inmediato y ante la rapidez de los encuentros fugaces en los que poco se puede profundizar. Y eso, en la mayoría de las ocasiones, no puede producirme más que cierta frustración por no haber sabido expresar lo que pienso y opino sobre aquello que creo y que tomo como verdadero.
Me he quedado pensando mucho a partir del Padre Elías, es necesario, siempre lo ha sido pero parece que ahora más, que los que nos decimos creyentes no permanezcamos indiferentes ante los tiempos que nos toca vivir. El Evangelio de este Domingo (MT 10, 26-33), nos pedía reflexionar al respecto en forma constante, ¿cómo damos testimonio los creyentes?
Cierto que el tema de la coherencia es importante y la mayoría de nosotros no refleja el testimonio que tendría que ofrecer; concedido el punto para nuestros detractores. Sin embargo, ello no minimiza en modo alguno la lucha interna en la que vamos de lo que soy a lo que debería ser, apoyados los que en ello vamos por el auxilio espiritual que no viene de los hombres.
La relación del mundo católico con la cultura, en su contexto más amplio abarcando la humanidad entera, es interesante y sumamente amplia. Ya en otra ocasión, retomando las ideas de Alejandro Llano, comenté algo relacionado a esta idea. Sin embargo creo y considero que es un tema en el que se requiere profundizar.
Recuerdo que respecto la idea de la cultura católica que confluye como un río al océano de la cultura humana, Gabriel Zaid expresó en Letras Libres la extinción de esta contribución en forma organizada, resonante y realmente importante. En aquella ocasión concedí razón a sus argumentos, y hoy tampoco me encuentro alejados de ellos. Dos son los puntos que me permiten tener presente esta idea:
Por un lado existe, y ha estado presente con mayor intensidad, un desprecio a todo aquello que según las posiciones más "modernistas" tenga "aroma a incienso". De tal forma que cualquiera puede esgrimir su punto de vista, a menos de que éste, "pública y descaradamente" se le relacione con lo católico. Pareciera que ser católico hoy en día es como traer una especie de señal para que cualquiera pueda a uno verlo en diferencia. Es como decir, "bueno, puede que tengas algo de razón, pero eres católico, y eso demerita tu argumento". Para esta sociedad en la que nos encontramos "lo católico", como si fuera un sello de mala mercancía, es una ofensa más que una distinción.
Por otro lado, los propios católicos, con tal de no ser despreciados en nuestras personas, familias, distinciones, logros, incluso patrimonios, permanecemos indiferentes haciendo de nuestra manera de ver el mundo algo cerrado y permitido sólo a quienes comparten las convicciones. Más de una vez, me he topado con muchos que buscan comprobar mi "ortodoxia" para, depués de marcada la seguridad del terreno que pisarán, proceder a discutir temas relacionados a la creencia en común. Nos hemos encerrado ante los reproches del mundo, y no hemos facilitado el diálogo, la puesta en común y la presentación concreta y completa de aquello en lo que creemos y que consideramos válido. Es necesario que, ante un clima adverso ante nuestra fe, seamos capaces de salir del rincón en el que nos hemos acomodado.
Leyendo a Paz, me he encontrado con esto:
Carlos Castillo le pregunta al poeta :
"¿Concibe usted la lucha por una sociedad plural sin los
católicos? ¿Puede haber pluralismo real si la vida pública es sólo para los
laicos?
Y el poeta responde:

Durante algún tiempo fue necesario laicizar la vida política mexicana, dado el
carácter religioso militante del Estado Español. Ya no. Hay que integrar. En
México, los católicos se aislaron. No siempre fue así: la Independencia
tuvo detrás a los jesuitas, los liberales tuvieron interlocutores católicos de
altura. Sin embargo, desde la mitad del siglo pasado los católicos se
automarginaron. Sólo los poetas, como López Velarde --tal vez nuestro mejor
poeta-- se atrevieron a ser católicos. Pero hubo pensadores. Vasconcelos es más
romántico que católico. Esta marginación debe desaparecer. No por donde piensan
los teólogos de la liberación; más bien debe recuperarse la herencia de las
teologías de la libertad. Pienso en los teólogos españoles del siglo XVI. Esto
nos haría más fácil a los no creyentes dialogar porque nos pondría ante una
parte sepultada de nosotros mismos. Algo tenemos que hacer todos los verdaderos
liberales para sacar a este desdichado país del monólogo en el que vive...

Hoy es necesario un resurgimiento de la cultura desde la perspectiva del catolicismo, es necesario por parte de los laicos comprometidos un verdadero replanteamiento de su misión particularísima del testimonio en los ámbitos cotidianos en los que se encuentran sumergidos. Sobre ello, la jerarquía nos ha dado opciones y vías, pero en el terreno de lo inmediato de la vida debemos también nosotros poner a funcionar nuestra creatividad.
¿Cómo plantear este resurgimiento?, ¿cómo concretizarlo?, son preguntas que me asaltan el pensamiento y no me dejan tranquilo.
¿Alguna idea?