jueves, agosto 2

3 intentos y 4 ejemplares







En esta vida nuestra la perseverancia suele ser pedagogía. En los intentos, aunque se frustren, podemos encontrar cierto tipo de sentido. Sin embargo hay que tener claro que un intento no es pletórico como un logro, es apenas una copia al carbón que no termina de retratar lo que se busca alcanzar. Es tener en las manos un negativo que no se alcanza a revelar adecuadamente en su contenido ni en su arte.

Pienso en una hoja en blanco que sólo tiene algunas palabras, mal garabateadas que están condenadas al doblez circundante. Lo que pudo haber sido se pierde en una simpática bola de papel que va a parar al cubo, o en estos tiempos ambientales nuestros, a la bandeja de reciclaje.  

Ya he hablado de Claudio Magris, aquí, por acá, también aquí,  y aquí. No pretendo ser repetitivo, sino que quiero hacer patente que en ocasiones, en la mayoría, a pesar del disfrute que me produce seguir su pluma, ha sido para mí un escritor complicado. Han existido textos a los que he tenido que acudir en más de una sola ocasión, han existido frases que me han obligado a buscar la actitud adecuada para poder valorarlas. A veces soy el explorador de una selva densa y tupida en la que debo internarme, en otras ocasiones, en medio de la planicie de las letras, me seco como en el desierto sin gota de comprensión que me permita continuar la jornada. La lectura, aquí sí, con este autor, ha sido sacrificio, sangre, sudor y lágrimas. Pero develar una hoja, no la obra entera, al pasar de un capítulo al otro, me reconforta. Siento que mi intento se va transformando en logro en la medida en que atisbo algún resplandor de comprensión. Ahí es cuando me emociono y es cuando me derrota mi poca cultura y poca capacidad de seguir un viaje sencillo, cruzando apenas Europa Central. Cuando creo que he llegado a la comprensión pierdo el eje y no continúo como debería.

Tres veces he intentado viajar con él a lo largo de "El Danubio”; sólo ahora en el último esfuerzo mi escasa comprensión ha podido alcanzar el fulgor de la pluma viajera y recrearme en el modo adecuado para derrochar cultura, descripciones y narraciones de lugares, viajes dentro del viaje, personajes, situaciones y particularidades propias de todo drama y vida humana.

Sin embargo estoy ahora más empeñado que nunca, he de encontrarle el sentido, y estoy resuelto a transformar este intento en logro. Si bien la lectura ha sido accidentada, me queda claro que también los libros le llegan a uno en el momento adecuado. Ahora, a diferencia de mis pasados pasos por esta obra, sí encuentro ritmo y orden en el universo-crónica-diario-novela-cuento-ensayo-curso-historia que este viaje particular revela al lector que gusta del sufrimiento de lo mucho en lo poco.

Así como en el texto se habla, y se discute, comprobando incluso con propia vista, que el Danubio surge de algún grifo que alguien ha dejado abierto, así me parece que toda esta historia tiene principio una mano que ha abierto la llave y la ha dejado correr sola, por su cuenta, intrincada, caprichosa. Al río prominente de la historia llega, como afluente, mi percepción en los diversos intentos y esta nueva cruzada más reciente.

Como cierre de estas desordenadas reflexiones es justo decir que este libro, dentro de mi biblioteca, ha ocupado cuatro veces los estantes. Cuatro ejemplares de un solo texto. Con la descripción del destino de estos me despido por esta semana.

Primero. Corresponde al primer intento. Lo inicié en un viaje carretero, posterior a la lectura inicial de las primeras páginas, tuve a bien perder el texto en algún autobús de pasajeros pues se “deslizó” de mi mochila. En mis ires y venires de hace muchos años suelo pensar que el libro siguió, sin mí, su propio viaje, pues viaje es y en viaje se convierte. En ocasiones lo recuerdo, “primero”, pues así le he llamado, debió quedarse esperando en el autobús un buen rato a que alguien le encontrara. Puede ser el chofer o quien limpia después de los viajes ¿qué habrán hecho con él? Me apego a la bondad humana y sé que habrán compartido el ejemplar con alguien a quien sí le interesara. Otras noches tengo pesadillas viéndolo en la basura, desecho, destruido por mi irresponsabilidad. Triste entonces amanezco.

Segundo. Lo compré en una noche del Fondo de Cultura Económica. Uno de esos atracones de los cuales ya me he rehabilitado. Fue en Avenida Universidad, frente a la plaza, dieron vino, llevaron a Humberto Vélez, el actor de doblaje que hacía de Homero Simpson. Una buena noche en compañía de otro bibliófilo, ¿te acuerdas @zaldinski? Segundo correspondió al tercer intento, paradójicamente, y es el que ahora me acompaña en los trayectos.

Tercero. Cuando lo compré mi mente obnubilada no recordaba la noche del Fondo de Cultura Económica. Al llegar a casa, supuestamente yo con algo “nuevo” muchas veces deseado, aún con el dolor de la pérdida de “primero” me percaté al acomodar en estantes, que segundo tenía primacía y había confundido el tiempo. Pero en la librería que visité, aquella vez, estaba en oferta y pensé que no podía dejarlo pasar. Sorpresas te da la vida!. Sin embargo, este fue el ejemplar de mi segundo intento fallido. Ahí sigue como recuerdo que lo que no empieza bien rara vez termina bien.

Cuarto. Fue un regalo; lo compré a sabiendas que tenía otro, pero que ese otro no podía regalarlo (tengo por mala maña marcar mis libros y hubiera sido un pésimo detalle a mi juicio). Sin embargo de este libro tengo la seguridad que volverá, tarde que temprano, pues quien lo recibió tiene por costumbre, de cuando en cuando, regalarme lo que yo le regalé. Pensé en este ejemplar como regalo específico de mi “orgullo alemán” que de vez en cuando se asoma, y consideré, acompañándolo de una conmovedora carta, que tendría sentido en la medida en que se valorara mi interés por la cultura alemana de la que provengo en cierta forma. No sé si el regalo, y la carta, hayan servido a ese fin pero esa fue mi intención.

Hoy entonces el marcador va en 3 intentos y 4 ejemplares, ¿lograré la anotación que me brinde el triunfo? Seguiré en la espera, busco hacer viaje del viaje. 

P.D. Aún es justo y necesario hablar de Magris en "Conjeturas sobre un sable" y "Utopía y Desencanto" otras dos joyas que tengo, que fueron logros en el primer intento y, lógicamente, de las cuales solo tengo un ejemplar.