martes, marzo 11

Un peso específico

Hoy he tenido la desgracia de encontrarme con los efectos de la corrupción en sus formas más rebuscadas e instaladas en la "normalidad". Promovidas estas prácticas desde posiciones muy encumbradas.

¿Habrá un momento en que podamos eliminar este aspecto oscuro de la relación entre personas/organizaciones?

Hay muchas ganancias secundarias, me queda claro. Muchas personas obtienen un beneficio que convierte el problema no solo en un tema moral sino en un tema económico, en ocasiones hasta se "revela" como un ámbito de supervivencia. Si no es así, no puede ser. Sin embargo, la mayoria puede reconocer como negativo, como algo malo, cada acto de corrupción. Aunque den una calificación negativa, buscando acallar el grito de su conciencia, afirman que no puede dejar de hacerse; el mal menor en su máxima expresión. Es como aquél médico que fuma, sabiendo los efectos del tabaco en su organismo.

¿Cómo destrabar lo que parece profundamente enquistado? ¿Cómo eliminar un cáncer que se ha propagado por todas partes? ¿Cómo evitamos que la destrucción de lo humano se normalice hasta parecer y confundirse verdaderamente con lo humano?

Sé que en lo individual, en lo personal está el cambio que quisiéramos. Las gotas forman un río pero ¿cómo unir las gotas que están desperdigadas incapaces de organizar el río que puede convertirse en océano?

Además de estas dudas, hay otra cosa que me inquieta hoy de modo especial: ¿qué sustenta el argumento del corrupto?, ¿cómo puede justificar su proceder? Perdonen ustedes, a lo mejor les parece absurda mi duda e intrascendente, pero no encuentro más que la velada característica de un misterio que  ni los corruptos mismos podrían explicar.