jueves, marzo 28

Gigantes

No sólo la vida es un ir y venir; existe el matiz de la dirección y el sentido del movimiento. El movimiento no es solo la unión de ciertos eventos o puntos que se conectan entre sí, sino el sentido de dichas uniones. No sólo cadena, en su comprensión de partes que hacen un todo armonizado; pienso en una escalera, peldaños, partes que te hacen subir. La vida se parece entonces a la ascención, la conquista de una montaña, aquél "infinito viajar" de Magris se me presenta con fuerza.

Entiendo mi vida si la veo hacia atrás, desde este sitio en el que ahora estoy, como el resultado de situaciones y decisiones específicas que tienen cierto orden tanto en su aparición cronológica como en el orden mismo de su realización. En muchos sentidos mi vida hoy es menos "respuesta" y se parece más a una "pregunta" que puede formularse porque el tiempo de su maduración en la reflexión es propicio. No es sencillo labrar sobre piedra para tratar de encontrar lo que la piedra puede comunicar, existe pues una labor creativa y me consuela saber que no voy solo por ahí picando piedra.  En esto, y en la propia escalada de mi vida, noto la presencia de Dios y no tengo palabras para agradecerla como debiera.

No sólo yo me construyo a mí mismo, sino que ayudo a la construcción que de mí se pretende desde que fui concebido. Grande es el reto y poca la mano de obra; es proceso lento este andar, no por Quien Inspira sino por quien ejecuta. Avances y retrocesos, ¿inevitables?, aprendizaje de errores y errores de aprendizaje.

Es justo reconocer que en el camino muchos brazos me han sostenido, pido a Dios les pagué todo el bien que me han hecho. Recuerdo a Newton: si puedo ver algo más es porque siempre estuve en brazos de gigantes. Muchos gigantes han rodeado y rodean mi vida, brindan a mi existencia exigencias y metas tales que, al cumplirlas, me permitirán ser la mejor versión de mí mismo para Gloria de Dios .

Hoy pienso sobretodo en tres pequeños gigantes que exigen de mí lo mejor y ante quienes ahora me dirijo, les he extrañado mucho. Pienso también en quien ha transformado el carbón para hacerlo brillar un poco y darle vida a lo que yacía inerte. La higuera, como en la historia de San Felipe de Jesús, reverdece por el amor que la envuelve.
Ya casi llego esposa.