jueves, noviembre 12

Crónica de una gripe múltiple





Todo inició desde el día miércoles donde hubo cierto malestar; el jueves se hizo más presente y por la tarde de ese dia se inició la usurpación de nuestra vida cotidiana por una palabrita que ha venido sonando mucho en los medios últimamente a raíz de la concreción de la llamada pandemia tan temida y traída desde iniciada esta década. La prueba rápida así lo confirmó el viernes inundando nuestro pensamiento: ¡Influenza A Positivo! Sabíamos que si uno caía, los demás seguiríamos.

Uno como quiera, pero ¿ y los niños? parecíamos preguntarnos Iliana y yo sobresaltados ante dos niños que son como ráfagas y que se veían ahora tan apagados como pocas veces mis ojos los han visto. Pabo no era tema menor en nuestra preocupación. La oportuna intervención, aunque con todos nuestros temores, nos permitió evitar complicaciones y convertir en realidad todas esas leyendas urbanas de niños internados, de padres desesperados y del horrible aroma de los hospitales exudándose por cada uno de los poros de la piel marchita por la angustia.

En tan sólo tres días visité más la farmacia que los últimos dos años de mi vida en soltería. Intercambio de recetas, sustitución de medicamentos...ciertamente no fue fácil. No han sido días tranquilos y han exigido de nosotros no sólo paciencia sino mantener a raya al cansancio que a la primera oportunidad busca aniquilarnos y anularnos de la posibilidad de atender a nuestros hijos como se merecen.

El diagnóstico y tratamiento nos obligó a replegarnos en nuestra casa, buscando no salir y evitando que cualquier otro virus, bacteria, o agente infeccioso tuviera a bien acercarse a los debilitados cuerpos de los pequeños a quienes tenemos el agradable encargo de cuidar en salud, en cuerpo y en alma.

A mi nueva adquisición de habilidades tuve a bien agregarle las mañas cuasiprofesionales de dosificar medicamento, dividir dosis, nebulizar pequeñuelos, eliminar agujas de jeringas para diabetes, para poder administrar el tamiflú, programar horarios de medicina alternados y considerablemente variados. Combinando además las labores profesionales, el cuidado de los míos y la adecuada precaución para no caer yo mismo. En todo momento no estuve solo, ha sido un gran consuelo saber que el matrimonio es un equipo que permite, de la mejor forma y medida, hacerle frente a grandes adversidades, a incontables preocupaciones. Sin tí, creeme que estos días hubieran sido la locura absoluta. Yo sólo me pierdo en el mar de recetas, medicamentos, cuidados, atenciones, detalles, necesidades, y demás requerimentos que la seria ocasión requirió constantemente.

¡Gracias!

Se agradece también a todos los amigos y familia que estuvieron a nuestro lado, a pesar de la distancia, en cada momento de esta prueba no sencilla de superar. Dios pague sus oraciones, buenas vibras, ánimos y solidario acompañamiento.

Foto obtenida de: http://files.saludiario.webnode.com/200000009-c60f7c709f/ah1n1-big.jpg