Una de las maneras en las que el terror vivido sigue presente, ahora más "blando" y astuto, adoptándose a nuestra época con formas sutiles y engalanadas, es la manipulación ideológica en pos de una utopía que incluye la eliminación de aquellos que no pueden, en virtud de su raza, participar de esta falsa gloria. El otro como infierno, lo ajeno como negación. Esto que se vivía, desde otro extremo, afirmando a unos por encima de otros, es retratado en La casa del Bosque de Marbach; en este sanatorio oscuro, una casa silenciosamente resguardada en la inmensidad de ahora anteriores territorios alemanes, sin tener posibilidad de recurrir a lo que hoy ofrecería la tecnología perversa de la clonación y de la fertilización a diestra y siniestra, se busca prolongar y garantizar la existencia de la raza considerada suprema. Oficiales alemanes reducidos a sementales seleccionados por el azar al no morir en el campo de batalla, muchachas alemanas "puras" condenadas a meros vientres/úteros de alquiler con prioridad alta para el estado (nada parecido a nuestros días, ¿verdad') y la tristeza de saber que al jugar a la reproducción orquestada excluimos a Dios de la vida cotidiana y común, de la realidad misma es desterrado de modo inmisericorde. Una realidad sin Dios que tiende a tornarse cada vez más asfixiante y a la que parece no puede oponerse una salida; callejón cerrado, el que viven los personajes, al que se le esconde la entrada y pareciera que nunca la tuvo: ¡encierro en la podredumbre!, ¡corral de matadero! Al "morir" Dios, en la mente de los hombres, todo es posible; todo lo que el poder, el reconocimiento y el dinero pidan deberá ser cumplido, al costo que sea, al sacrificio que se obligue un nuevo Baal. Existencia autoreferenciada: principio y final variable y alternativo, falsa alegría y triunfo disimulado al disfrazarse el pánico que se obtiene al mirar el espejo.
Al final de todo una casa en el silencio del bosque, atestiguando el silencio obligado que el humano se impone a sí mismo por el temor que le produce el hecho de hablar sobre sus más hondas derrotas, por la negación de su propio espíritu, y por la estúpida falacia de pensar que la maldad no puede volver a repetirse. Solemos pensar que "un rayo no cae dos veces en el mismo lugar", sentémonos a ver el espectáculo de nuestros días y no ocultemos el asombro de atestiguar que un solo sitio es golpeado por toda una tormenta eléctrica que se ríe de cada uno de nosotros al soltar toda su furia.
Para a quien esto interese:
ASPAS, Francisco Javier., La Casa del Bosque de Marbach., Libros Libres., ISBN: 978-84-15570-25-7
Programa grabado con el autor en Periodismo Digital.


