miércoles, abril 20

Inimaginable / Imaginable

Creo que aunque cognositivamente puedo tener muy claro el hecho de perder un hijo, y de perderlo a la mala, no a ritmo de vida sino al machetazo de la violencia, no puedo imaginarnarme la angustia, la pena y el dolor desgarrante qué como padre debe experimentarse ante la ruptura de existencia por el capricho, gusto o interés, de quién renuncia a su humanidad y se rebaja a la bestialidad más instintiva robando, de una vez y para siempre, todo aquello que amábamos e incluso aquello que añorábamos.

No es natural, y en ello concuerdo, que los hijos mueran antes que los padres...concuerdo también en que uno cae en la nada pues no hay palabra que sea capaz de definir esta realidad que vacía de todo sentido lo que antes podía experimentarse. El dolor en este sentido es inconmensurable, verdaderamente inimaginable. Tal ves lo que cala más, es que en medio de la pena, el mundo sigue girando y no se detiene como nosotros. Ese devenir es un desafío, y en ello recuerdo un texto de Magris, sobre la aparente pérdida de un hijo por un padre que se ve obligado a darse cuenta de que la vida sigue a pesar de su dolor. Todo la reflexión la desata una poesía que ahora me permito reproducir aquí:

"La hamaca pequeña / está vacía... en el silencio / mira la luna alta sobre los rebollos / ...el agua del río fluye hacia los rápidos / -¿fluye?-...las hojas caminan con el viento: /toda la selva se mueve. / También tu canoa / me mece en el río-. / Sólo tú estás inmóvil / bajo la gran Piedra negra. / Y yo que creía que todas las cosas / vivían sólo por ti..."
Mucho se ha dicho del abandono de la poesía por parte de un padre dolido, y que ha sido afectado por la espiral de la violencia. Sin embargo, creo que la poesía, a pesar de los horrores humanos, no puede dejar de esta presente y ser modo de expresión de aquello que verdaderamente nos hace humanos. Tal vez la poesía misma que Magris rescata y nos presenta sea prueba de ello, tal vez no. La poesía, a pesar de la tragedia y tal vez por la tragedia, nos permite continuar. Espero que quien por ahora la deja a ella regrese pues puede ser un bálsamo y un remedio en la medida en que ella misma comunica el dolor de forma completa y profunda. Dicen lo que saben de duelos que para liberar el dolor primero hay que sentirlo, y la poesía me parece la vía más adecuada. 

No obstante, aunque no puedo imaginar la tragedia sí existe algo que puedo imaginar.

Puedo imaginar la derrota, el pacto, el acuerdo perverso con quien es incapaz de brindar su palabra; y esa imagen que viene a mi mente no es en modo alguno alentador. Un pacto supone no resolver sino disolver, dilatar una probable respuesta y clausurar aquella esperanza de que es posible alcanzar algo mejor que lo que ahora tenemos. 

Probablemente la estrategia que se sigue no sea la adecuada, ¡ajustémosla!; pero clamar por un retorno a lo que antes era, un estado permisivo que aprobaba en lo oscuro y arreglaba en lo ilegal, no puede ser deseable. Me parece que el dolor  a veces, cuando es así, inimaginable, nos hace perder el rumbo y nos deja a la deriva de toda aquella experiencia de vida que exime la razón de nuestros juicios.