jueves, enero 20

Los aromas que recrean las letras

Imagen obtenida de: http://wineruda.blogsome.com/2008/03/17/pieza-unica-de-milorad-pavic/


El asunto este de contar historias a través de la palabra escrita no se reduce únicamente al hecho de arrojar letras al lector de cualquier modo, en literatura sucede a veces lo que se dice en política: forma es fondo. La forma, más propiamente "el método" diría yo, que se elige para expresar la historia es decisiva en el éxito, materializado en ese "dejar algo", que se persigue en quien lee aquello que escribimos. 

Esto desde luego no supone la inexistencia de autores a los que la la forma les preocupa lo mismo que una nevada en pleno desierto; sin embargo, a mí como lector, me agrada más el genio creativo que sin conocer mi nombre y mi situación particular, me da mi lugar como destinatario desde el mismo momento en que surge la idea de un texto y hasta que se concreta en las jornadas árduas que, supongo, deben experimentarse para confeccionar una novela. A mi modo de ver, cuando esto sucede, cuando el lector le preocupa al autor, la literatura deja de ser tema de eruditos y académicos, y se transforma en un encuentro personal, no siempre agradable es cierto pues los hay difíciles y rebuscados. Lo creo fervientemente pues las personas, como en algún lugar he leído, estamos hechas para el encuentro, y el encuentro literario entre muchos otros, reviste especial interés y proporciona significado a quienes lo celebran. 

Milorad Pavi´c (se acentúa en la "c", pero el teclado del que dispongo no me lo permite) me ha transmitido llanamente la sensación gratificante que produce el acto intensionado de escribir cada palabra y situación del mejor modo posible. Brilla en él la interesantísima finalidad de articular la historia no en función de quien la escribe, de quien la crea, sino de quien habrá de recibirla. Al terminar la primera novela que le leo, descubrí, que desde el mismo íncipit de Pieza Única, esto se nos revela: "Aleksander es un andrógino."

Supe de este autor y de su "Pieza única" por la serie de cápsulas televisivas denominada "Imaginantes", conducida por el genio de un gran equipo de colaboradores interesados en la promoción educativa, orquestados todos por José Gordón. La propuesta visual y auditiva de esta cápsula sirvió, por lo menos para mí, como un anzuelo con buena carnada y siendo yo un pececillo inquieto no tuve más remedio que engancharme y de paso castigar el bolsillo. 

La cápsula observada, de alguna manera una eficiente sinópsis de la novela que motiva la imaginación, activó no pocos resortes y sirvió como detonante de un proyecto de taller literario para adolescentes que espero algún día poder concretar. Mientras tanto, y con el pretexto del proyecto como bandera, adquirí la novela y la convertí en el primer objetivo a devorar en vacaciones decembrinas.

Mucho puedo decir de mi encuentro personal con una novela bien planteada, pero quiero únicamente hacer mención de los primeros instantes y es que, al paso de los primeros minutos, y una vez instalado en la historia, pude sumergirme en las fragancias mismas de los personajes, constatando que no sólo se presentaba la descripción física habitual de los actores que habrían de desfilar ante mis ojos, sino que el aroma mismo descrito por las letras proyectaba en mí las imágenes de los personajes de una nueva manera nunca antes considerada en otros textos, novelas y autores. Al finalizar el primer round con las páginas, advertí que los aromas que recrean las letras en la historia se constituian en clave para descifrar el duelo entre el futuro y la muerte, que a veces se presentan como sinónimos, a veces como antónimos, y en no pocas ocasiones como consecuencia natural de la trama. En cada palabra el autor se regala al lector en toda su capacidad narrativa. Si bien el princicipio cumple y rebasa expectativas, el final y el complemento del cuaderno azul se nos manifiestan a los avorazados de las letras como un delicado y abundante festín al que no es uno capaz de negarse. 

No me parece que la palabra "recomendación" responda con justicia a lo que el texto puede llegar a significar para un lector como yo. Esta novela-delta, como la describe el propio autor, es de esas contadas cosas que, una vez disfrutadas, desean compartirse sin reserva con todo aquél que esté dispuesto. Promover esta novela, y a este autor, me parece un acto de negación de que lo bueno se quede en unos cuantos. Digamos que es un anhelo de disfrute democrático al que este post en esencia ahora se ordena. 

La ventaja, gracias a Dios por la coincidencia como lector en esta época, de leer en un mundo como el nuestro es que autores de otras latitudes y coordenadas geográficas y literarias pueden ser fácilmente alcanzados, conocidos, reconocidos, promovidos y convidados por su profuso significado. Este autor serbio es un genio no para la recomendación sino para el activo proselitismo a su favor, y desde luego no hay mejor título para esta novela que el que lleva impreso en la portada. Verdaderamente es un ejemplar único, distinto y motivante en grado sumo a nuevas manifestaciones del encuentro personal entre autor y lector.

A quien esto interese:

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