jueves, agosto 26

Tiempos difíciles y ríspidos

Nuevamente una sacudida. La certeza, las creencias, la fe, parecen ponerse a prueba por los desafíos del contexto. El tiempo transcurre y los cambios, vertiginosos, no brindan espacio considerable para una reflexión profunda respecto lo que nuestros ojos ven pero nuestra razón no alcanza plenamente a comprender.

Con tristeza puede verse como se atenta contra ciertos principios que antes no tenían que defenderse, y ahora se defienden como esas "causas perdidas" de la anécdota que Llano cuenta sobre la visita de Borges a una universidad sudamericana. Lo recuerdo como si fuera ayer: "los caballeros defendemos únicamente causas perdidas", resuenan las palabras en mi memoria y me parece ver entre sombras las páginas pasando entre mis dedos hace más de 7 años.

¿Es que el tema está cerrado? No lo creo, pero si considero que debatir parece ocioso pues uno tiene que aceptar forzosamente la perspectiva "modernista" de la mayoría, que no permite, ni siquiera concede, a nuestra "minoría" la más sencilla de las explicaciones. Basta decirse "católico" para que los argumentos que uno pueda esgrimir caigan por su propio peso ante el juicio de quienes piden tolerancia pero no la ofrecen. A la Iglesia, y a quienes la conformamos, se nos exige lo que la sociedad con aroma laicista no está dispuesta a a demostrar con sus propios actos. 

Cierto, las expresiones de algunos miembros de la jerarquía no fueron adecuadas y no abonan al proceso. Pero también los políticos que presumen hombría en sus testículos, mucho menos apoyan la construcción de un debate abierto y razonable. Ni uno ni otro, no exijo a mi lector tomar partido. Pero sí diré que me parece delicada la superficialidad que se ha impreso en cada decisión y pronunciamiento sobre el tema. A fin de cuentas, esos hijos que serán adoptados no serán los míos, parecen decir muchos que conceden con tal de verse "políticamente correctos". ¿Por qué en esto no se abre el espectro de opiniones a todos los que puedan decir algo sobre el tema? No creo que sea conveniente para los intereses que persiguen y por ello nuestra opinión y postura es fácilmente relegada.

Vivimos ya, como Raztinger lo auguraba en la "Introducción al cristianismo", tiempos de contracción en la Iglesia. Recuerdo el rescate de la historia del payaso y el circo que el mismo retoma de otro pensador. Veo un clima que se retrata muy bien en novelas de ficción aquí comentadas anteriormente. Seremos cada vez más pocos los que defendamos una aparente "causa perdida", pero sólo el tiempo y lo que estas decisiones generen podrán darnos la justificación de emprender cruzadas que otros miran con sorna.

Sin embargo siendo "pocos" a ojos de los que detentan el poder, somos muchos los que estamos dispuestos a pagar con nuestros actos y decisiones las consecuencias de nuestra congruencia. Somos muchos quienes estamos con y para la Iglesia, poniendo a sus pies, nuestras capacidades y aptitudes. Porque queremos una Iglesia mejor podemos reconocer sus errores, aceptar sus limitaciones, pero confiar en el soplo del Espíritu que la anima y orienta desde hace más de 2,000 años. Pienso como Chesterton, y lo afirmaré cada que pueda: "Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo".

El que tenga oídos, que oiga.