jueves, junio 3

Decidir detrás del escritorio




Probablemente el extinto mayo sea un mes, lleno de recuerdos positivos, pero de decisiones difíciles que tuve que asumir y sobre las que aún cargo con ciertas consecuencias (tanto positivas como negativas). En la vida, aterrizanda en el ámbito que se guste y mande, hay siempre que tomar una alternativa y eso implica costos, por un primer tema, y por otro, implica todo un desagaje de nuevas y variadas decisiones que a su vez nos pasan factura para llegar a nuevas realidades donde, ¿qué cree? también debemos decidir.

Súmele Ud. que las decisiones, que tomamos todos todos los días, tienen un peso mayor si anda uno embadurnado de cierta sustancia añeja conocida como "responsabilidad" por el hecho de estar o presidir cierto determinado espacio o función; no quiero recordar aquello de héroe adolescente gringo ciertamente inútil ("un gran poder viene con una gran responsabilidad") pues me produce náuseas. Pero en sí misma la responsabilidad es un tema que podría agotar muchos post´s y  muchos blogs sin que siquiera hayamos desentrañado sus complejidades más elementales.

Los que permanecen ajenos al ámbito de decisión sobre determinada cuestión, al tomar Ud. una de las alternativas, la que considera mejor, suelen clasificar su rechazo o desagrado soltando aquello de que "decidir detrás de un escritorio siempre será equivocado". Tengo mis dudas por conocer algo de la naturaleza humana. Intentaré explicarme mejor.

Todos quienes en alguna ocasión hemos tenido sobre nuestra espalda el peso de la decisión de otro sobre nosotros podremos llegar a experimentar algo similar. Cuando la decisión acarrea mayores beneficios para mí, el que decide merece el adjetivo calificativo engalanador que primero venga a la mente; piénsese por ejemplo, en "justo", "sabio", "adecuado", por decir algo. Sí, en cambio, quien decide no lo hace a mi favor recibirá alguna serie balanceada de adjetivos calificativos negativos y de improperios no dignos de repetirse ante los ojos que ahora me leen. La ley me gusta cuando me cumple, la ley me desagrada cuando me obliga a cumplir aquello que no quiero y a lo que no le concedo importancia.

En resumen, cuando decides en favor de alguien éste, si promueves su persona, te aplaudirá pero, si no promueves su persona o le afectas, tenderá a rechazarte. Todos conocemos el caso mexicano típico de cierto mesías tropical (usando el mote dado por Krauze), de cierto politiquillo de cuarta con delirios napoléonicos y santaanistas de grandeza. ¿Será que todos tenemos algo de AMLO cuando alguna decisión "plancha" nuestros abundantes, rozagantes y afirmantes derechos malentendidos de voluntad y de lo que  se nos de la gana? Nuestro desarrollo moral verdaderamente está por los suelos: hacemos las cosas para evitar castigos y para que todo mundo nos de palmaditas en la espalda.

Cuando uno decide detrás de un escritorio, hay un dato que se escapa al afectado quejoso, se dispone de  cierta información que es necesario corroborar, y como uno no anda con fuego en las manos, antes de decidir corrobora que dicha información sea fidedigna. Es lo mínimo que puede hacerse. La responsabilidad no se toma a la ligera; creo que pocos sí se lanzan al ruedo como los emperadores romanos que no serán comidos por los leones por la defensa de sus esbirros; yo por lo menos, cuando se trata de entrar en este circo, primero voy asomando la cabeza antes de correr al centro y burlarlme de los leones en sus fauces. 

Creo que las acciones pequeñas nos definen; si en las acciones pequeñas procuro tener orden, coherencia, respeto y sobre todo, en el tema que me ocupa, honestidad, será más fácil que las decisiones que tome sean acordes a lo que se requiere en mi contexto, pero también la decisión de otros sobre mí necesariamente atraviesa mi conducta y en este sentido la decisión será más probable que, en mi percepción, "me beneficie".

No quiero decir con esto, el otro lado de la moneda: "Decidir detrás del escritorio, siempre será correcto"...¡desde luego que no!. Todos podemos equivocarnos y todos podemos por un momento desconectarnos de nuestra moral y principios y actuar en forma contraria, lo importante es estar alerta para enderazar el rumbo. Yo, con todo esto, sólo digo que la responsabilidad no se toma a la ligera, o no debería tomarse, y que esa idea del jefe despreocupado y desinteresado que apunta el dedo flamígero sobre sus colaboradores, ante no tener nada mejor que hacer, no cuadra mucho conmigo. Me cuesta tomar decisión difíciles, como a muchos, y me duele a veces tener que hacer valer el orden cuando es necesario.

Sería bueno hablar de este tema de la responsabilidad un poco más adelante. 

P.D. Gracias, por cierto, a todos los nuevos visitantes que amablemente me han girado correos electrónicos...a los de siempre, un gran, fuerte y responsable abrazo.

Foto obtenida de: http://www.artesanum.com/upload/postal/6/8/5/escritorio-1-8911.jpg