miércoles, junio 9

Algo de la libreta personal

Comparto algo de mi libreta personal, se escribió en diciembre del año pasado. Más de 6 meses y sigo convencido de lo mismo y por momentos, francamente, preocupado hasta la médula. Hoy no ha sido la excepción con los 20 kilitos de C4 descubiertos en la roma.


Si bien los medios, expresión de poder fáctico, al que hago referencia, acaban de anunciar con bombo y platillo la "Iniciativa México", proyecto de validación de proyectos para financiamiento, que no sé por qué me huele a reality chou, no sé hasta que punto su compromiso sea profundo por un cambio a la realidad social. Ojalá así sea, pero el tiempo dirá sobre la intención oculta (sea noble o carente de nobleza). 





Reflexiones desde la ventana de una ladera
Diciembre 2009
Agradeciendo la oportunidad del viaje y el cambio de actividad que estas fechas involucran, en la medida de las posibilidades de nuestra familia, hemos tenido el deleite de encontrarnos desconectados del mundo noticioso y mediático por considerable número de jornadas.
No ha habido internet, no ha existido el hábito de dormir una vez informados por los medios televisivos, e incluso el radio ha estado silenciado. Eso ha sido verdaderamente un gran desintoxicante. Entiendo que no pocos mexicanos viven algo similar pues su vida discurre sin noticias, sin enterarse de lo malo que ocurre con los políticos, con los narcos, con las huelgas, los sindicatos, la inseguridad, el temor, el pánico. México fuera del D.F., y fuera del contexto urbano, está considerablemente retraído en otras muchas cosas. La pobreza es una preocupación cotidiana del México real aunque esté presente en el discurso y en el ámbito de ese México que construyen los poderes fácticos y los noticieros, todos hablan de que hay que resolverla pero los poderosos dicen una cosa y hacen otra. No sólo los poderosos económicamente hablando, sino cualquier especie de la misma ralea, de esos que tienen mucho más que otros y que no comparten.
Lo he pensado antes y ahora lo confirmo, mientras la esfera pública camina por un lado, la realidad de nuestra nación camina por otro. Pocas veces se han encontrado, más bien creo que son líneas paralelas condenadas al olvido de la posibilidad que reviste el tornarse perpendiculares. Y es que a pocos esto les interesa. Es la conservación del sistema, cueste lo que cueste, lo que se impone sobre la urgencia de transformar una realidad injusta y tóxica que a todos nos hace inmunes en el hecho de podernos reconocer en el otro, en quien con su mirada reclama de nosotros una respuesta, un planteamiento, un apoyo, una ayuda, una mejora.
México seguirá dormido esperando la venida de Quetzálcoatl y seguirá siendo dominado por unos tlatoanis de segunda que pretenden comportarse como dioses falsos que no alumbran un ápice esta noche que se nos ha venido encima. Poco puede hacerse por parte de quienes nos damos cuenta de la resignación en la mirada de quienes no tienen que esperar nada de la vida que parece haberles negado todo. En este México dormido hay odio por el olvido de la realidad por parte del constructo ficticio que se ha erigido, y el odio, como quiera verse, siempre será preocupante, y sobre todo, nos recuerda que sin remedio cualquier mal nos conduce a la muerte.
Me preocupan los que conmigo comparten estos tiempos, inmersos en este chispeante caldo de cultivo, y me preocupa aquello que he pensado mucho a partir de la reflexión circular de mi buen amigo Betoman en alguna reunión libresca, en una noche de un septiembre ya pasado: “Todo pueblo tiene un inicio y un final”, ¿estaremos cerca?...