jueves, enero 28

Las letras muertas

Los humanos tenemos el lenguaje y la comunicación para hacernos sentir y considerarnos plenamente humanos. Vivientes superiores en un mundo de seres alternos con diferentes formas de intercambio y diálogo entre los de su misma especie y entre el entorno. Hay quienes, en el lenguaje, encuentran el inicio de toda cultura y civilización.

Las palabras, como medio de concreción, de cualquier mensaje se configuran a partir de letras, y su articulación dinámica faculta y permite el diálogo entre nosotros. La cultura escrita, de la que somos parte en mayor o menor medida, aún en este siglo incipiente de cañonazos tecnológicos, nos envuelve en nuestra cotidianiedad.

Sin embargo, en el día a día, existen una no despreciable cantidad de letras que han sido articuladas en palabras, en ideas, frases y oraciones, que nacen muertas pues el significado que arrojan poco importa a quien, siquiera por alguna mágica conflagración del universo se detiene a leerlas. Me he dado a la tarea de presentar, lector querido lectora apreciada, una breve relación de esas palabras y letras qué, si se omitieran, en nada afectarían lo que nos ocurre en el devenir de cada jornada. Como se diría, están de más. Lo que me asombra es la gana de que sigan apareciendo, de que tercamente no podemos resignarnos a que son inútiles y están condenadas a acompañarnos, y nosotros a ellas, desempeñando un papel de incomodidad.

1. "Su venta requiere receta médica". ¡No es cierto, nunca la piden para medicamentos de uso común hasta cierto punto!...y esto da pie a otra realidad "No se automedique"...si realmente exisitiera un compromiso por la no medicación de los ciudadanos a manos de otros ciudadanos o de sí mismos, efectivamente, cruel paradoja, las farmacias y boticas SÍ exigirían la mentada receta...son palabras gastadas, pero que en cada caja se encuentran.

2. "Prohibidos los vendedores ambulantes". Palabras arrojadas a la estupidez humana por la misma voluntad homo sapiens, pues alrededor de este letrero, en no pocas casetas de peaje en carreteras mexicanas, los vendedores ambulantes descansan en la sombra del inclemente sol.

3. Cualquier instructivo de cualquier aparato es prácticamente prescindible. La idiosincracia mexicana cree que en cada uno de nosotros el sentido común triunfará ante la adversidad y surgirá de nosotros el inventor, el genio, el ingeniero, el criterio último de la verdad de cómo se conecta y manipula determinado artefacto. ¿Cuántas palabras y letras comprende un instructivo que está destinado, una vez abierto el paquete, al bote de la basura? Ese si es un misterio sin resolver, y es una injusta profesión ser el hombre que redacta y elabora dichos documentos destinados a perderse para siempre en el papel que se reciclará y que, a lo mejor el día de mañana, vuelve a servir para escribir un instructivo...¡maldito destino circular!.

4. Cualquier compendio político de plan, programa, política pública, regla de operación, discurso oficial y oficioso...letras destinadas al impacto mediáticos de una frase y en posibilidad de desaparecer por la poca memoria de quienes escuchan, idiotizados, al que consideran prócer, hombre célebre, esperanza del cambio. ¿O a poco alguien se acuerda de una idea inteligente de un político? Pienso como Keynes, toda idea en un político proviene de un intelectual muerto.

La lista sigue, pero empiezo a considerar que estas letras también tienen pena de muerte, y habrá de cumplirse en una horas...la inyección letal está dispuesta...si corrieramos las cortinas y escucháramos la última voluntad de las palabras y letras articuladas sin futuro plausible ¿qué nos dirían?

El que tenga oídos para oír que escuche, y los ojos aplíquelos a leer.