miércoles, enero 27

Sacudiendo el polvo

Me quedé durante algunos meses contemplando, en silencio. Decidí permanecer con las manos atadas, contrastando mi vida con la vida de otros que me atraviesa y me completa.

En el silencio, además de cierto vacío, he podido descubrir muchas cosas. Mis minuciosos descubrimientos se aderazaron con todo un cúmulo de situaciones en las que los ciudadanos de a pie nos hemos visto inmiscuidos por los medios de comunicación y por la famosa, y aquí tan mentada, opinión pública.

Recapitulemos las sombras de mis días en silente observancia: inseguridad, narcotráfico, intolerantes, intolerantes a los intolerantes, terremotos, ineficiencia laboral, ineptitud de no pocos cercanos, pérdidas, coberturas en vivo y directo, leyes polémicas, corrupción, ídolos caídos, medios escandalizados, funcionarios ineptos, diferencias, molestias, enojos, políticos de cuarta, alianzas pragmáticas, resultados ineficaces, adopciones controvertidas, anhelos de realización condenados al fracaso, etc, etc, y un largo etc.

Pero también luces: descanso, relajación, nuevos proyectos, amigos, sueños, iniciativas de cambios, nuevos ánimos, empuje, oportunidades, ofertas, sonrisas, paisajes, navidades, comidas y sobremesas, estabilidad, alegría, Fe, bendición, un mes más, primer aniversario, tareas escolares, artes marciales, Sabina, escritura personal partida en tres cuadernos rojos, café, tlalpan, alimentación cada 5 horas, compadrazgo, bautizo, patrocinios confirmados, renovacion, Iliana, Adri, Ale, Pablo.

Siempre en la vida, aunque el panorama sea desalentador y poco motivante, hay algo de que aferrarnos y por lo cual aferrarse a seguir aquí, a no quebrarse, a pagar con sangre y sudor el costo de construirse a sí mismo y de ayudar a otros a edificarse por encima de uno mismo. La vida, y no es comercial de crédito o seguros, vale la pena en sí misma y encontrándole sentido la llave mágica de la respuesta los problemas transforma el por qué en un para qué.

Sacudo el polvo de mis hombros, que cayó mientras el silencio me envolvía, y sigo para enfrente pues aún hay camino que recorrer.

Si aún después de este silencio queda algún lector por ahí, gracias por la paciencia y por acompañarme en este silencio observante que me permite recomenzar hoy, aquí y ahora.