martes, mayo 10

Yo marcho sin marchar

Yo marcho sin haber presenciado ni asistido a la marcha; incluso no comulgo con muchas de las expresiones que hicieron de ella una "marcha de marchas".  Pero creo que, desde la trinchera en la que me toca librar batalla, estoy procurando dar lo mejor de mí mismo. 

Yo marcho todos los días con mi trabajo, con mi familia, con lo que puedo y debo hacer. Yo marcho sin que lo sepa nadie, sin que lo vean, sin que sea foco de reflectores. Y como yo, en esa marcha del anonimato, hay muchos y eso, tengo la certeza, es lo que sostiene a este país. 

Yo marcho, sin marchar, cuando soy capaz de tener conciencia sobre lo que significa haber nacido en este país, grande y conflictivo, asombroso y en ocasiones digno de temor; no solo tener conciencia sino actuar en consecuencia. Yo marcho cuando cumplo con mis impuestos, mes a mes; cuando evito tirar basura en la calle; cuando puedo votar y expresarme como ciudadano;  cuando encuentro en el trabajo no una carga sino una realización; cuando enfoco mi energía y mis capacidades a la educación de mis hijos y cuando trato de que ellos también, a su edad y a su manera, vayan tomando conciencia sobre su existencia en este país. 

Cierto es que existen muchos, miles, incluso millones de Mexicanos que se encuentran en jaque por la violencia y la inseguridad; cierto es que es válido levantar la voz, clamar justicia y organizarse en sociedad para alcanzar una mejora en la calidad de vida, en la seguridad, en el empleo, en todo aquello que sea un bien universal y por todos deseable y, esperemos, algún día alcanzable. En el reclamo justo estoy de acuerdo, en el fondo coincido, pero no en la forma. 

Sin embargo, siento que la pertenencia extralimitada de los que "fueron a la marcha" deja fuera del discurso, y de la inclusión, a quienes no concordamos al 100% pero qué, sin marchar también marchamos día a día. "O estás con la marcha o estás contra ella", parece resumir el discurso  de boca en boca entre mis amistades, en ciertos debates que encuentro en los medios electrónicos e impresos. Es como haber ofertado el domingo para encontrar reconocimiento y grandeza personal. Es como la presencia en un evento que genera "status" en una sociedad urgida y ávida de reconocimiento, de reflector, de promoción. Esa sectorización, ese hablar que "toda la sociedad civil" marchó, ese decir que valgo porque caminé, me pone los pelos de punta. 

No dudo de la sinceridad de las familias que han sido tergiversadas por la violencia, pero eso no quiere indicar que debo coincidir necesariamente en todo lo que se propone. 

Prefiero marchar así, sin reflectores. Mi vida, a lo mejor no alcanzará a muchos, pero habrá de tocar a los más cercanos pues mi convencimiento me ha tocado a mí y con eso ya estoy dejando huella. Si queremos cambiar el mundo tenemos que empezar por nosotros y doy fe que no hay tarea más complicada, en ella se me va la vida, ustedes disculpen pero no tengo tiempo de salir a caminar.