miércoles, diciembre 2

Tres meses


Se han cumplido ya los primeros tres meses. En el aprendizaje biológico de mi patenidad hay material de sobra que podría reseñarse sobre este conjunto de horas, días, semanas y meses en que he acompañado a Pablo en su despertar a la vida.

Hoy, por ejemplo, a diferencia de hace tres meses, puedo ser testigo y protagonista de sus miradas y de sus sonrisas. En ocasiones mi presencia, incluso mi voz, provoca en él una respuesta. Esto definitivamente me impacta considerablemente en cada uno de los sucesos en que juntos compartimos nuestro tiempo. Se siente una responsabilidad tremenda reconocerse como figura de soberana importancia en su vida.

Él ha crecido muchísimo y no sé si yo he crecido, en habilidad y en sabiduría, lo que necesito para esta etapa en que nos encontramos. Ruego a Dios constantemente sea mi apoyo y guía, en la enseñanza de San José, para conducirme como debe ser. Y no sólo con Pablo, sino con mi familia entera.

A la par de todas estas reflexiones es impactante el momento y el tiempo de los tres meses.

Prácticamente las etapas de la adaptación a la paternidad podrían resumirse en que:

Primero uno digiere la noticia del embarazo y empieza a documentarse al respecto. Entonces la división de la formación del bebé, los primeros tres meses, es más importante que el crecimiento (los últimos 6 meses). Eso lo piensa uno cuando está en los tres primeros meses, y se dice, ¿cuándo llegaremos a los 6 meses?, y cuando uno está en los seis meses, la mente se ocupa de lo que vendrá con el parto; cuando sucede el parto, los cuidados inmediatos y su relevancia aparecen y pueden incluso opacar lo que en ese momento se vive. Y ya cuando nació el bebé, todo gira en que este cumpla los primeros tres meses de vida, y ahora que ya los tiene no puedo dejar de pensar en todo lo que vendrá. Digo, no me agobia, pero la concatenación de etapas, que así las dividimos para entenderlas, es simplemente una necedad. La vida es una sola y camina a su ritmo, la clasificación es invento humano. Hay que aprender a disfrutar cada momento, preparándonos para el siguiente, pero sin perder la alegría y la enseñanza del día a día. Un buen reto éste, definitivmanete.

P.D. A la par de los primeros meses de vida de mi bebé, escucho una sarta de tonterías que los opinólogos de los medios masivos expresan sobre el aborto. Interesante contraste este que experimento al disfrutar la vida y ver como otros se regodean, y obtienen beneficio, en la muerte. Una verdadera cultura maligna como denunciaba con insistencia el titán pontífice hace apenas algunos años. Quien está a favor de la muerte poco puede comprender la vida, aunque con cualquier razonamiento, muchas veces barato hasta la médula, trate de justificarse a sí mismo ante la dureza de la realidad.